Mis tias oían la canción de te agradezco señor una y otra vez, mientras lloraban, domingo soleado y te agradezco señor, te agradezco señor, dele que te dele, Roberto Carlos no se cansaba en su long, long play de vinyl, lo mismo que mis tías. En la casa de la abuela iban y venían, mis otros tíos, el abuelo, mi mamá, algunos allegados de la familia. El teléfono pasaba de mano en mano con nerviosímo. Mis tías y sus primas en el sofá de la sala, llore y cante, “por más que sufra, te agradezco, señor, por cada día, te agradezco señor, por la sonrisa, nuevaaaamente señor”….En la cocina la radio rebotaba la noticia.

Luego llegó mi papá y nos sacó a mi hermano y a mí al parque, nos señaló con el dedo hacía las montañas, justo al lado de Monserrate se veía un incendio, llamaradas, como la canción que yo cantaba y mi abuela decía que esa era para grandes: “en una llamarada se quemaron nuestras vidas, dejando la pavesas de aquel inmenso amor”. Mi hermano y yo mirábamos el cerro humear mientras mi papá nos contaba que el primo Guanerje, se había caído con todo y avión allí mismito. Un avión grande, de la línea Aerocondor, abrasado contra el cerro, sin sobrevivientes. Mi hermano se animó con la idea de tantos bomberos apagando el fuego, a mí solo miedo.

En ese instante la cara del primo Guanerje fue reemplazada por la de Roberto Carlos y nunca volví a recordar su rostro original. Era un piloto y muy diestro se comentaba, pero días después un rumor en la familia se propagó: Guanerje tenía una novia cerca a los cerros, tal vez Chapinero alto y antes de alejarse de la ciudad bajaba un poquito en su avión para saludarla desde las alturas del despegue, un pequeño vacío en el aire y para abajo, esta vez no pudo alcanzar altura y se estrelló contra el cerro junto a 70 personas más. Estaba enamorado el man decía un vecino , era la primera vez que escuchaba estas palabras, enamorarse, man; llamaradas, estrellón, Roberto Carlos, te agradezco señor. Mis tías parecían estar enamoradas del cantante brasileño Roberto Carlos y con la noticia de la muerte del primo se agarraron por toda una semana a su último éxito, lo que dicen, les valió la conversión paulatina a una secta cristiana.

En la caja negra encontraron evidencias irrefutables de la falla del piloto, mitad de mi familia fue a Barranquilla a las exéquias de lo poco que encontraron de Guanerje. La abuela quería llevarme, pero yo no quise porque desde ese momento le cogí un susto irracional a los aviones y al fuego. Tenía cinco años y desde entonces cuando querían que me quedara en la casa me amenazaban con ir a Paloquemao (la plaza de mercado) razón suficiente para desistir, imaginaba llamaradas y llamaradas en medio de mercancías y pelos chamuscados.

Un mes después subimos con mi familia al cerro del desastre, llevábamos flores. Encontramos partes del avión todavía, hierros retorcidos como dicen en las noticias, la tierra quemada, la escena dantesca de telas desparramadas, zapatos y papeles, olor a cal. Nos acompañaba la novia de Guanerje, a la que le brillaban los ojos pero parecía contenida como si estuviera a punto de estallar, tal vez en llanto , en risa o en llamas. Todos nos agarramos de la mano y rezamos el misterio doloroso, otra frase adjunta a la colección de palabras de ese año. Bajando del cerro me acerqué a la novia de Guanerje y le pregunté si había visto la barriga del avión antes de estrellarse y ellla hizo un gesto con el dedo como para indicar que no,luego se puso a llorar.!No la moleste carajo!, me susurró al oído mi mamá, pellizcándome en el brazo, yo también me eché a llorar. Me parecía que la novia de Guanerje era hermosa, pálida como blancanieves, con el pelo negrisímo y la boca roja. Enamorarse: misterio doloroso, barriga de avión, pelo negro, boca roja, maletas estalladas, Paloquemao, te agradezco señor.

¿ un día de estos te vas a enamorar? Me preguntaban donde mi abuela, los tios y las tias un poco perversos porque sabían que yo me encerraba en el baño, y no salía,hasta que amenazaban con montarme en un avión, o llevarme a Paloquemao, todos reían y enfurecida le daba patadas a las macetas de las plantas al salir. Por aquel entonces las tías ya cantaban Abril en primavera.

 

 

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