En agosto de 1992 cuando la canícula se acercaba a su fin, emprendí un viaje a pie a tra vés del condado de Suffolk, al este de Inglaterra con la esperanza de poder huir del vacío que se estaba propagando en mí después de haber concluido un trabajo importante. esta esperanza se cumplió hasta cierto punto, ya que raras veces me he sentido tan independiente como entonces,caminando horas y dias enteros por las comarcas, en parte pobladas sólo escasamente,junto a la orilla del mar. Por otra parte, sin embargo ahora me parece como si la antigua creencia de que determinadas enfermedades del espíritu y del cuerpo, arraigan en nosotros bajo el signo de Sirio, preferentemente tuviese justificación. en cualquier caso en la época posterior me tuvo ocupado tanto el recuerdo de la bella libertad de movimiento como tambien aquel del horror paralizante que varias veces me había asaltado contemplando las huellas de la destrucción, que, incluso en esta remota comarca,retrocedían a un pasado remoto. Tal vez este era el motivo por el que, justo en el mismo día, un año despues del comienzo de mi viaje, fuí ingresado en un estado próximo a la inmovilidad absoluta; en el hospital de Norwich, la capital de la provincia donde despues, al menos de pensamiento, comencé a escribir estas páginas. Aún recuerdo con exactitud cómo justo después de que me ingresaran, en mi habitación del octavo piso del hospital, estuve sometido a la idea de que las distancias de Suffolk que había recorrido el verano pasado,se habían contraido definitivamente en un unico punto ciego y sordo. De hecho, desde mi postración, no podía verse del mundo más que el trozo de cielo incoloro en el marco de la ventana.

Los anillos de Saturno.(primer párrafo). W.G. Sebald

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