Cuando volví a Colombia tenía en mente revisitar un lugar que ha sido importante para mí, lugar de mis primeros viajes, sola con amigos o familia, un pretexto para reconciliarme cíclicamente con los ancestros paternos y su tierra . Decir tierra es un poco genérico y dado a equívocos sobre todo en aquella región donde precisamente esta palabra ha sido el orígen de tantas muertes,exilios, venganzas e injusticias. Así que en abril del año pasado pude volver allí a Córdoba ( Colombia) a pasar un par de semanas de vacaciones junto a mi novio para que conociera por primera vez donde comienza el caribe colombiano. Al viaje se unió mi hermano y su novia.
Nos quedamos un par de días en Montería y luego nos dirigimos a San Bernardo del viento pueblo pesquero de la costa cordobesa, donde el rio Sinú príincipal afluente del departamento, desemboca en las aguas del mar atlántico, allí mi hermano y yo juntos o por separado hemos caminado sus playas y visitado sus manglares en distintos momentos.
Nos habían advertido tanto en Bogotá como en Montería que esta región estaba plagada de grupos que imponen su ley porque en este hermoso lugar, sus playas sirven de corredor para enviar clorihidrato de cocaína hacia Panamá, grupos conocidos como ex- paramilitares pero que hoy se les designa con nuevos apelativos despues de una desmovilización que con el tiempo demuestra que ha sido una simulación más que un verdadero proceso de justicia y paz . Según la prensa a veces son dos grupos los que imperan el terror , otras veces cuatro , hasta siete o no existen ;los medios de comunicación no concuerdan ni siquiera con el número y los nombres en una región infectada de miedo e ignomínia. Sus moradores viven bajo el yugo de los rastrojos, urabeños, paisas, águilas negras o llámeseles Bacrim ( bandas criminales) en su conjunto, lo triste de todo esto es que al cambiarle sus nombres , de ex paramilitares a grupos emergentes , delicuenciales, etc ,el Estado se ha lavado las manos,déjando el problema a la deriva como un caso fantasmagórico de delincuencia común,mientras tanto estos grupos en asociación con los corruptos de la policía y la política continúan operando allí en un terreno fértil para la impunidad.
En plena tempestad vamos hasta Lorica y después de pasar la tarde allí montamos en un taxi hasta San Bernardo del viento , donde nos esperaba la familia de C, la novia de mi hermano, nos llevaron a cada uno en mototaxi hasta las playas en la Y . Le pregunté al motaxista si era tranquilo el lugar, que si no había violencia y el dijo que si “que esto por aquí es muy Sano”, me contó que a veces se mataban entre grupos de “delincuentes”o con alguno que otro policía pero nada más, insistió en un paseo ecológico para ver manatíes y hasta delfines, bueno bonito y barato, yo le dije que lo pensaría porque tenía ganas de ir caminando hasta la desmbocadora del rio Sinú a “boca de Tinajones”.Llegamos a la playa, el tio de C habló con la señora de las cabañas, acordamos el precio y nos quedamos en un cuarto grande con un pequeño patio provisto de alberca y totuma, por las mañanas un loro verde y amarillo limón pasaba por allí haciéndo alharaca para despertarnos .
Días de atardeceres plateados frente al mar y caminatas hacia un exíguo volcán donde unas familias se peleaban por el hueco en el que se introducirá el turista a dos mil pesos la zambullida en una lava tibia y medicinal , caminamos entre una inagotable hilera de palmeras y casas abandonadas,pequeños halcones cazando reptiles tomando el sol,manglares y olor a mar revuelto y fruta podrida.Pasamos por una extensa finca llamada la paraca , también visitamos un antiguo estadero donde nos habíamos hospedado con mi familia para celebrar el cambio de mileno; el recuerdo de esos días contrastaba con la realidad del momento, al entrar allí y hablar con su dueño percibimos un aire de desconfianza y el deterioro de su hotel despedía entre los muros descoloridos “mala onda” como dice mi hermano, unos policías mal rasados secaban su ropa en el jardín y nos miraban con sospecha y cansancio , nos fuímos de inmediato, yo pensaba en lo no dicho, en lo que se sentía cada vez que nos cruzábamos con la gente y su mirada dura e huidiza que no coincidía con mis recuerdos. Comprensible ya que a pesar de la naturaleza no se palpaban signos de un cambio sino todo lo contrario, se sentía que la pobreza se había desplazado hacia la miseria reflejándose en los rostros de algunas personas.Algunas casas pintadas de publicidad electoral para ayudar a los mismos caciques políticos que les han dado la espalda ofreciendoles exíguas cantidades de dinero por un voto que los confinará una y otra vez a ese silencio sórdido y forzado. Conocimos a W un hombre flaco y maneras femeninas , que nos rogaba meternos en uno de esos huecos de lava y ante nuestra negativa se sentó resignado en un tronco junto a su madre con los ojos perdidos frente a ese denso mar.
Con la familia de C, acordamos hacer todos juntos una expedición en canoa hasta bocas de Tinajones, allí en San Bernardo mientras esperábamos el jeep para nosotros y 9 personas más, hablé con R el abuelo de la familia, ex pescador de la zona y ahora revendedor de pescado, hablámos de la introducción de los búfalos en la ganadería , los peces que huían hacía otros lugares y lo poco que se pescaba por tamaño y cantidad no alcanzaba a cubrir las necesidades de los pescadores. Le pregunté si eran tranquilos los parajes alrededor del río y me respondió: “eso depende, pero por lo menos no roban o atracan como en Montería, aquí usted no puede temer por sus cosas”.
Y nos fuímos todos en el jeep transitando la ribera del rio Sinú, divisando, garzas blancas, arroceras y planchones, el río ramificado en varias salidas, inmensas bongas y las plantas acuáticas bordeando el imperturbable río Sinú.
Un camino sin retenes de la policía en contraste con la via que conduce al volcán en Paso nuevo , por ese tiempo, tres retenes zurcaban el pueblo; en uno de los puestos, los oficiales escuchaban tecno a todo volúmen.
La luz y todas la variaciones del verde se transformaban a medida que avanzamos hacia el puerto para coger una lancha y llegar hasta tinajones, nos quedamos esperando un buen rato a que apareciera la gasolina para el transporte y luego abordamos la chalupa . Durante la travesía que dura unos 20 minutos, la familia de C comentaba que los campesinos de la zona no estaban preparados para el próximo invierno, “ lo que ustedes ven ahí, las arroceras y donde esta el ganado, eso desaparecerá cuando llegue el invierno, todo se va perder y despues toca comenzar desde cero, siempre es así”
También escuchamos nombres de las salidas del río y los animales ribereños, me impresionó sobre todo un ave del tamaño de un pavo pero esta emitía un agudo chillido y volaba dejando ver unas líneas de color lavanda bajo sus alas y me quedé con ganas de ver una nutria que los niños de la familia, habían avistado entre las aguas. Los dos niños que nos acompañaban eran campeones de natación en la región y se habían ganado varias medallas, sonrientes y atléticos, su curiosidad contrastaba con el silencio de los grandes.
Luego llegamos a una de la desembocaduras del rio Sinú, donde el rio se funde con el mar y a su alrededor se crea un ecosistema de plantas y fauna específico entre manglares y la conjunción de aguas . El chofer del jeep nos contó que cerquita transportaban drogas hasta una isla, la isla de los milagros y luego de ahí hasta Panama, nos quedamos observando todavia en silencio el lugar, algunos nos bañamos en el mar y luego nos fuímos rapidamente hasta el puertico donde nadamos de nuevo en las aguas del Sinú, recuerdo ese momento como uno de los más emocionantes, por la belleza del lugar, la mansedumbre del rio y lo que compartimos entre todos, flotar boca arriba en el rio y ver el esplendor del verde entre el cielo y el espejo de agua. Creerse el cuento por unos instantes de flotar en el lugar mas pacifico y tranquilo posible , que esa paz eventualmente disturbada en lontanza por los vallenatos a todo volúmen desde el puerto , era un hecho permanente y no solo una coyuntura, que todas esos rostros de ojos grandes y mirada profunda que atravezaban el río vivían en una idílica mansedumbre (añorada desde la fría Bruselas), solo afectada por la violencia de la naturaleza.
En San Bernardo, sentados en la calle bajo un puesto que la familia armó al frente de la casa cuya base consistía en cuatro palos y un techo de lata para tomar la sombra , ya con más confianza, la abuela de la familia nos cuenta que 15 días antes a una patrulla de la policía la habían atacado con granadas y pistolas y si no fuera por un oficial que desvió una granada, hubieran ocasionado una tragedia, dos personas resultaron heridas, “aquí mismo donde estamos”. “Pero por lo demás es todo Sano”, insistía la señora, le pregunté que porqué decía que era Sano y me respondió con la tradicional frase del quién nada debe nada teme.
Nos quedamos sentados tomando chicha de maíz en un silencio rumiado entre todos y a veces interrumpido por un borracho vecino que nos preguntaba si teníamos unas camisetas electorales que le regaláramos o una cachuchita o por un niño que trataba de montar inútilmente en una bicicleta con las dos llantas pinchadas.
De regreso hacia la Y, el mototaxista señala a un lado del camino una casa en ruinas, me dice : “vé esos escombros ahí? eso fué un bus que siguió derecho y se llevó un señor en un burro con todo y casa, esta mañana…… el señor murió y la burra también” y se reía, yo me quedé si entender el chiste o esa ironía que tanta gracia le producía al mototaxista
Pasamos la última tarde frente a la playa y la señora que cocinaba en las cabañas le pidió trabajo a mi hermano en Bogotá ( hacer lo que sea,cocinar, limpiar pisos, cuidar niños) y le dijo que tenía cuatro hijos y que estaba dispuesta a irse porque allí en San Bernardo no se conseguía trabajo, insistió e insistió tanto que mi hermano anotó sus datos en una libreta sin saber que decir.
Nos fuímos hacia San Antero, al festival del burro pero esta ya es otra historia y yo sentía un nudo en el estómago, mi hermano decía que es de ver lo hermoso y lo feo convivir de esa manera y tener el presentimiento de que la maldad esta ganando el pulso y no poder hacer nada.Que hasta la idea de ir de vacaciones allí era un poco cínico y arriesgado y al mismo tiempo no hacerlo es como abandonarlos, ese nudo ciego en la víscera como el silencio imperante que daba mala espina en el viento (San Bernardo).
Es posible que los dos universitarios de Bogotá asesinados la semana pasada, no percibieron la situación o les hayan dicho que todo era Sano y ellos se creyeron el cuento, porque durante ocho años se ha asegurado por parte del gobierno que los paramilitares ya no existen y se puede viajar por todo el país ; al fin y al cabo los asesinados en la provincia y de estrato bajo, hacen parte de otro grupo, anónimo y remoto.Son solo números si acaso y sus rostros e historias se cancelan con las lágrimas de sus dolientes , aún si el año pasado las cifras en el departamento de Córdoba ascienden a 500 homicidios y en el transcurso de este año recién estrenado se cuenten más de 25 asesinados por las Bacrim, la gravedad de los números no se tiene en cuenta . Todos anónimos o como es tradición en Colombia , cobijados por esa respuesta que disipa todo interrogante ”por algo será” , mientras tanto la corrupción y la violencia echa raíces más profundas.
Sin embargo no creo que hayan sido más ingenuos que yo o que otros que van a caminar a San Bernardo del viento, mientras estuve allí nadie nos advirtió de no hacer x o y, cosa. Nos acompañaron hasta Tinajones pero nunca escuché que el turista peligraba en ciertas zonas solo comentarios sueltos como quién no quiere la cosa. Espero que la muerte de esta pareja de los Andes , no sea en vano así como lo han sido la de muchos otros que por reclamar sus tierras y poder cultivarlas o dar clases en una universidad o en una escuela o pensar diferente , informar la verdad, no pagar extorsiones etc etc se han encontrado con un bala que les cegó la vida.
Pienso en esos rostros de mar, río, sabana y ciénaga , en las historias de mi abuelo cuando la única amenaza dramática de la región eran los caimanes y las culebras , en esa sonrisa honesta y acogedora de sus habitantes ,en esa alegría melancólica y la conversación lúcida de los ancianos ,en las manos nudosas y bronceadas por el sol del campesino sabanero , los ojos negros como pozos, la piel suave y brillante, las abarcas, el dulce de caimito, los chiflidos con una hojita para llamar el ganado e interpretar canciones y así como Zavalita refiriéndose a su país me hago esa misma pregunta : “en qué momento se jodió Córdoba?











