Han pasado uno que otro día y siento los músculos tensos, sobretodo las piernas y algunas coyunturas;de flexibilidad ando cero, me resulta dificil estirar el cuerpo y por las madrugadas duelen los pies, no se porqué,pero pasará, eso creo. El resto anda bien, de cierta forma todavia no me acostumbro a despertar y pensar en no caminar y en no seguir una seta amarela, como lo vine haciendo durante tres semanas, desde Oporto hasta Santiago y desde allí hasta Muxia, en la llamada Costa da Morte.No es tanto si se compara con algunos caminantes encontrados en la ruta portuguesa quienes llevaban tres meses o mas siguiendo las líneas del campus stellae, al fin y al cabo el tiempo y espacio se truecan en una medida relativa cuando se camina.Tengo en mi mente un torrente de imágenes y sensaciones atiborradas que van mas allá de algunos músculos adoloridos y el recuerdo de un peso innecesario. Me parece que pasó un montón de tiempo cuando estupefacta observaba la arquitectura que se cae a pedazos con azulejos y todo en los barrios céntricos de la ciudad de Porto y darme cuenta que nunca me había imaginado una urbe tan bella y decadente como esta y que todos mis referentes sobre la palabra Portugal eran inexistentes y menos sobre Porto, que a medida que me alejaba de esta ciudad se abría un mundo rural con marcadas l
ineas en la piel, un poco atávica,introspectiva y algo triste, la palabra Saudade adquiriendo nuevos significados con el cúmulo de kilómetros quemados por cada paso.Primeras etapas, tal vez las mas duras,siguiendo una flecha amarilla que se esfumaba en los carburantes de los automóviles o en arboledas y se alejaba cada vez mas de Porto, su rio, el mar,sus puentes y grafittis.Para entrar en un sinfin de laberínticos viñedos,higueras,puentes romanos, bellísimas iglesias de azulejos con olor a moho y más casas coloradas ofrecidas a la corrosión del tiempo.Llegar con las piernas temblorosas y encontrar el Bálsamo de fierabrás en un caldo verde, o un plato de sardinas y pensar en la caminata del día siguiente como si esos Km anteriores no hubiesen molido tu existencia fisica. Asimilando esa ubicuidad del caminante en el que se es testigo silencioso de los quehaceres cotidianos por donde se transita,sin tocar ni modificar la escena transcurrida, siempre en movimiento. Tantos rostros, sinuosidades del paisaje y cambios climáticos, soledades,discusiones,sensación de abandono,tanta Saudade en la frontera con España en Valença de Minho,como toda frontera que se respete. Un largo puente separa Portugal de España y al mismo tiempo una barrera linguistica y cultural,un enigma sobre todo para quien todos los dias tiene que avanzar y dejar atrás tantos lugares por los que valdría la pena detenerse a observar en la quietud. Y poco a poco con un camino menos decorado por las flechas amarillas pero cuya sucesión de monumentos, iglesias románicas y cruceiros de todas las edades, confirman la cercanía de Santiago de Compostela y pone en evidencia el caminar galicia ,otro de esos territorios que encierran miles de secretos y sus habitantes parecen hacer malabarismos con ellos,allí donde la palabra peregrino es un uso común y pasaporte de amabilidades o prejuicios.Los caminantes que pude encontrar peregrinaban por varios motivos pero nunca pude conocer a uno por claras razones religiosas, mas bien por búsquedas esotéricas como Johana la señora alemana que caminaba con férrea disciplina hasta que conoció en el camino a un brasileño y su paso se hizo mas jovial y flexible, o a Manuel el sevillano quien decidió caminar para alejarse del ruido por primera vez en doce años de casado, con hijos , un trabajo como transportador de fruta y solo quince dias de vacaciones al año. Mafalda la portuguesa de Santarem cuya constancia y gentileza se quedó grabada en mis recuerdos , las madrileñas con sus historias de la pesca del percebe en Portugal o los alemanes que tomaban lindísimas fotografias y caminaban con paso bestial.Ninguno de ellos ansiaba llegar a darle tributo a la recamada tumba de Santiago,sino caminar. Y es así que poco a poco nos fuimos acercando a la ciudad del campus stellae, mojados hasta los tuétanos a través de polígonos industriales o enceguecidos por la luz reflejada en las pinedas y los eucaliptales,siguiendo la histórica vieira en forma de mano abierta o de pata de oca señalizadora de los kilómetros faltantes. Hasta que un dia mi compañero de viaje y yo, divisamos la ciudad de Santiago y nos dió algo parecido a una fiebre, nos quedamos en la plaza contemplando esa hermosa iglesia y escuchando a lo lejos las gaitas gallegas. El resto fué como un sueño, hasta llegar al fin del mundo y ultreya.
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Prossimo episodio del peregrinaje de Manosuelta:
“La Francessinia, un mystero a descubrir….con mucho gusto”.