El abattoir

El matadero mas célebre de Bruselas es el de Anderlecht un barrio céntrico,Abatoir SGAbatoir2 SG duro, gris y tradicional de esta ciudad, tengo la impresión que allí siempre llueve, una nubecita cubre sus cuadras de bares de persistentes fumadores, cuadras de talleres mecánicos donde africanos esperan en la interperie  el aire de los tiempos, ese que te hace sentir en Addis abeba, Kinshasa  o Lagos por un instante. Allí hace poco, en Anderlecht  lanzaron una molotov a un bus, sin razón aparente  y en protesta todos los conductores públicos dejaron en jaque a Bruselas toda una tarde. Los sabados y domingos el matadero, abatoir de Anderlecht se viste de mercado,donde claro, la especialidad es la carne fresca.Llegué junto a Agniezka, una mujer polaca, quien quería que yo conociera el Abattoir y la acompañase a comprar kilos de carne para su consumo de un mes o mas. El Abatoir huele a uña quemada y es lindisimo, su estructura principal semeja a una gran estación del siglo XIX, las carniceras sobre todo son muy amables y con practicidad cambian de una lengua( francés, flamenco) a la otra sin mayor dificultad, las personas que se agolpan a sus vitrinas tienen una paciencia infinita con  la parsimonia de estas mujeres y los paquetes que envuelven con sumo cuidado sus manos ensangrentadas.Agniezka llenó su maleta de carne, yo compré cuatro salchichas marroquinas, como para seguir insistiendo que no soy vegetariana.Luego  dimos vueltas buscando las cerezas mas baratas, las legumbres que suben y bajan de precio según la hora, la cantinela de los mercaderes, sean arabes, africanos, flamencos o italianos etc etc. Encontramos una venta de frutas exóticas donde varios latinoaméricanos se agolpaban allí, vi uchuvas y las compré, luego en un ataque de espontaneidad agarré cuatro granadillas, abrí una y se la ofrecí a Agniezka  quien la probó pero su cara deltataba que si fuera por ella escupiría eso que tenia en la boca  inmediatamente,  pasando las semillas por la garganta, solo alcanzó a decirme que en efecto, esa fruta era exótica. Nos dirigimos a una charcuteria polaca, allí había de todo como en cualquier negocios de estos, como en cualquier lugar del mundo donde nada del cerdo se desperdicia, allí pasan hombres muy cerquita que susurran: cigarrillos, cigarrillos, vendiendo este artículo con las ventajas del tradicional contrabando. De regreso a las legumbres nos encontramos con un vendedor de tortugas y me quedé un buen rato mirándolas esperando que llegara un raptus que me decidiera a  llevarme una a la casa sin mas explicaciones. Terminé llenando mi bolsita de compras con hojas de menta, endivias, dos tablas de chocolate cote d’or, cerezas, habichuelas que aquí le llaman princesas y brocolis. Agniezka me miraba atónita sin entender mi compra, como si no correspondiera a la idea que tenía de mí . Antes de despedirnos nos comimos un croissant en su auto, mientras que de la alcaldía de Anderlecht en la calle Raphael, salía una pareja de recien casados siendo recibidos por la pertinaz lluviecita a brazos abiertos.

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